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viernes, junio 25, 2021
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Paro Nacional: Treinta días entre los reclamos de unos y las indiferencias de otros

Cortesía: Telesur
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Día 30. Las calles de Colombia vuelven a tener miles de personas inconformes con las políticas del Gobierno de Iván Duque. Lo que produjo una mal planteada reforma tributaria, hoy está llevando a un caos total. Pese a que este proyecto se retiró del Congreso de la República, los colombianos continúan alzando su voz con la esperanza de un cambio en la sociedad, pero enfrente tienen a un Estado que le brinda mayores garantías a los pocos actos de vandalismo que a la gran marcha pacífica.

Inicialmente, no habían iniciado las protestas y un fallo del Tribunal Superior de Cundinamarca ordenó a los mandatarios locales y departamentales la suspensión de las manifestaciones programadas para los días 28 de abril y primero de mayo, respectivamente. Esto hizo que los ánimos comenzaran a caldearse ya que se estaba vulnerando el derecho a la protesta pacífica, contemplado en la Constitución Política.

Sin embargo, sectores sindicales, sociales, juveniles, docentes, campesinos, camioneros, indígenas, afrodescendientes, etc. no acataron el fallo y se pronunciaron en contra de la polémica “Ley de Solidaridad Sostenible”, una ley cuyo propósito era reducir el costo que había generado la pandemia mediante el cobro de impuestos a la clase media del territorio nacional. Asimismo, la ciudadanía ha exigido una Renta Básica, Matricula Cero para los jóvenes, apoyo al campesinado, garantías para los camioneros, el desmonte del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), entre otras peticiones.

No obstante, durante treinta días se ha priorizado que cuando cae la noche, la paz y tranquilidad con la que se desarrollan las manifestaciones en el día, se opacan con unos mínimos enfrentamientos violentos que ha dejado más de 50 víctimas fatales, centenares de heridos, miles de desaparecidos y la destrucción de sedes de alcaldías, justicias municipales, estaciones de Policía, transporte público, establecimientos comerciales y demás lugares por confrontaciones entre infiltrados de las marchas y uniformados de la Policía Nacional.

Cuesta creer que el primer mandatario no tenga una clara visión sobre el Paro Nacional. Primeramente, Duque defendió a capa y espada su proyecto de reforma fiscal, pero a los días siguientes, anunció que se podían modificar algunos artículos que eran criticados por los sectores políticos, y luego, retirarla del Congreso. Después, anuncia con bombos y platillos un gran dialogo con todos los sectores sociales, pero prefiere dialogar primero con expresidentes, partidos políticos, representantes económicos, y dejar para más tarde reunirse con los propios líderes del Paro Nacional.

Igualmente, la ciudadanía de Cali y Valle del Cauca pedían a gritos su presencia para detener los enfrentamientos entre ciudadanos y una comunidad indígena, pero su “prudencia” fue el motivo de su ausencia en la ciudad, y pidiendo a los integrantes de la comunidad que se regresaran a sus territorios. Ante la presión del pueblo colombiano, el mandatario no tuvo otra opción que ir a Cali, pero por tres horas en la madrugada, para que no tenga peligro alguno.

Aún cuando la comunidad internacional se pronuncia fuertemente contra los abusos de la fuerza pública, el presidente ha salido a desmentirlo con el fácil e indignante argumento de que son “FAKE NEWS” (Noticias Falsas). Recientemente, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la OEA solicitaron un permiso para verificar la situación de orden público, y la respuesta vino por parte de la vicepresidenta y canciller Marta Lucia Ramírez quien salió a decir que “por ahora no”, que cuando los organismos de control terminen las investigaciones, es decir en un mes.

A esto, se le suma la circulación de nueve videos, en donde se observa al presidente Duque concediendo una entrevista (que parecía una charla con el espejo) y acusando al senador Gustavo Petro (sin mencionarlo) de generar los disturbios y la desestabilización del país, un hecho que deslegitima la protesta justa de miles de colombianos que han salido a las calles a exigir una mejor calidad de vida en el país.

Varios de sus ministros se han apartado de sus cargos, como Alberto Carrasquilla, Claudia Blum y Felipe Buitrago, así como Miguel Ceballos, quien se desempeñaba como el Alto Comisionado de Paz. Uno de los funcionarios que ha recibido criticas es el ministro de defensa Diego Molano, cuyo discurso ha sido a la par con el Jefe de Estado, confundiendo líderes sociales como delincuentes y milicianos de grupos armados y coordinando la militarización de las ciudades. Y cuando parecía que podría apartarse de su cargo, 69 congresistas lo respaldaron para que continuara en su cartera, aún con las evidencias que se mostraron en las mociones de censura de Senado y Cámara.

Por otra parte, los diálogos entre las partes han sido más división que unión. Mientras que el Comité del Paro dice negociar siempre y cuando se acepte el abuso policial en las manifestaciones, el Gobierno esta dispuesto a dialogar hasta que no exista ningún bloqueo de vehículos en las vías del país, asegurando que es un punto no negociable, haciendo que el proceso se dilate y la inconformidad crezca aún más.

Por el momento, este paro no se detendrá hasta que haya un mínimo de empatía por parte del gabinete presidencial, hasta que una parte de la sociedad colombiana comprenda que la manifestación es para garantizar un mejor futuro para las próximas generaciones, hasta que los sectores más vulnerables sean atendidos como debe ser. Hay un avance en materia de educación, pero consideran que no es suficiente para calmar una tormenta más poderosa. Hasta ahora, ¡El Paro no Para!

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